SER TERAPEUTA <<
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Pedro Valentín-Gamazo Valle
Hay un cuento que relata la historia de
cuatro derviches, cada cual provisto de un objeto mágico,
que deciden unirse para ayudar mejor a la humanidad.
Uno de ellos tiene un bastón.
Otro una capucha.
Otro un espejo.
Otro un tazón.
Actuando unidos, logran salvar al enfermo.
El rey ordena secuestrar a uno de ellos para que cure a su
hija, la princesa. Sus guardias capturan al derviche portador
del tazón, quien hace todo lo posible por salvarla.
Es inútil. El derviche no puede hacer nada y la princesa
muere.
Lamentablemente, como suele suceder en estos cuentos, el derviche
es castigado por el rey con la muerte.
***
El rey no sabía que sólo unidos pueden, los
cuatro derviches, curar; cada uno provisto de su objeto mágico.
Así había sucedido la primera vez.
El bastón proporcionó apoyo al enfermo en aquellos
momentos de sufrimiento. La capucha, protección: un
espacio y un tiempo en que el enfermo se pudo sentir a salvo.
El espejo le permitió mirarse para dentro para descubrirse
y conocerse a sí mismo, para escuchar todo aquello
que su enfermedad se había empeñado en comunicarle.
El tazón le brindó el alimento necesario para
emprender tal empeño y recobrar sus fuerzas.
El enfermo pudo curarse gracias a que pudo mirarse en el espejo,
conocerse y reconocerse, protegido como estaba -gracias a
la capucha- de tantos y tantos miedos que antes le habían
impedido hacerlo. En el bastón encontró el apoyo
y la orientación necesaria para comprender todo aquello
que vio reflejado. Gracias al alimento y al amor recibido
mediante el tazón, encontró las fuerzas para
comenzar aquella tarea que ya duraría toda la vida.
Aquel tazón rebosante de cariño le ayudó
aceptarse tal como se vio en el espejo. A aceptarse, como
dijo Perls, no con resignación sino como un regalo.
Un terapeuta deber ser bastón y
ofrecer apoyo, pero no únicamente. Provisto sólo
de bastón, sólo conseguirá reforzará
la dependencia exterior del paciente.
Un terapeuta debe ser capucha y ofrecer protección,
pero no únicamente. Sólo con protección
sólo reforzará el sentimiento de desvalidez
del paciente.
Un terapeuta es un espejo donde el paciente se mire, se conozca
y reconozca. Pero si sólo es espejo, el paciente se
asustará y huirá.
Un terapeuta debe ser tazón y cariño, alimento
para el alma y el ser interior; pero no únicamente.
De ser solamente esto, reforzará la creencia del paciente
de que el amor y el cariño sólo de fuera pueden
venir.
El terapeuta, como hacen los cuatro derviches
del cuento, combina los cuatro elementos en su justa medida...
... Como hace el Maestro.
... Como la cocinera combina los ingredientes y los tiempos
en el puchero.
... Como el albañil elabora el cemento a partir de
la arena.
... Como la hechicera macera las hierbas en el cuenco.
... Como el poeta encuentra las palabras...
...a medio camino entre la cabeza y el corazón.
Pedro Valentín-Gamazo, 7 de octubre
de 2002
Gracias, Carmela, por ser cocinera y enseñarme a cocinar.
... Por hechizarme (gestálticamente, claro) como sólo
las brujas buenas saben hechizar.
... Por ayudarme y enseñarme a construir...
... y gracias, además, por haber hecho todo eso en
verso.
Gracias por ofrecerme apoyo, protección,
amor y alimento y un espejo.
Gracias por ser bastón, capucha, tazón y espejo.
Perico, 7 de octubre de 2002.
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