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Un acercamiento a los mecanismos
neuróticos
desde los cuentos
Pedro Valentín-Gamazo Valle
Los discípulos escuchaban
con verdadero deleite las enseñanzas que impartía
el maestro en forma de cuentos, aunque a veces también
con frustración, porque sentían necesidad de
algo más profundo. Ante esto, el maestro respondía:
"todavía tenéis que comprender, queridos,
que la distancia más corta entre el hombre y la Verdad
es un cuento".
Anthony de Mello
1. Introducción
Se pregunta Claudio Naranjo acerca de
los cuentos si "acaso existe una manera más humana
de intentar un acercamiento. ¿Por qué nos olvidamos
de la narrativa cuando la sabiduría tradicional de
muchas culturas se manifiesta a través de leyendas?"
Y añade Paco Peñarrubia que "las historias,
los mitos grecolatinos, las leyendas bíblicas, etc.,
son mapas del proceso interior".
Nuestra intención a lo largo de estas páginas
es precisamente la de intentar un acercamiento a los mecanismos
neuróticos -o mecanismos de defensa- a través
de la sabiduría que se desprende de los cuentos. Varias
son las razones para ello. En primer lugar, mi pasión
el mundo de los cuentos. En segundo lugar, porque son una
herramienta muy poderosa para llegar a comprender, casi como
en un darse cuenta, aquello que de otra manera tal vez se
nos escaparía. Como dice Jorge Bucay, "la única
manera de comprender un hecho sin vivirlo directamente es
teniendo una clara representación simbólica
interior del suceso. Una fábula, un cuento o una anécdota
puede ser cien veces más recordada que mil explicaciones
teóricas, interpretaciones psicoanalíticas o
planteamientos formales". En tercer lugar, porque como
afirma Ángeles Martín "el cuento pone en
contacto la experiencia universal con la individual. El ser
humano, a través de los cuentos, se conecta con experiencias
que trascienden lo cotidiano". Más aún;
los cuentos hacen posible que podamos hacer lo cotidiano maravilloso,
y también al revés: que lo maravilloso se convierta
en algo intensamente presente en lo cotidiano, en el día
a día. Y por último, porque nos permiten adentrarnos,
como también sugiere Ángeles, en el mundo de
lo metafórico, un campo abierto y enorme en que los
cambios son posibles; un campo libre en que la metáfora
salta los niveles lógicos del pensamiento y es capaz,
por tanto, de "burlar" las resistencias que nos
mantienen inmóviles y repetitivamente estancados en
nuestro guión de vida.
Los cuentos, la metáfora y en general todo lo creativo
a menudo nos trasladan a lugares en los que nunca antes habíamos
estado y que, sin embargo, nos resultan tremendamente familiares.
Son lugares hermosos y mágicos en que a menudo nos
permitimos sentir, disfrutar aprender; lugares en que la conciencia
despierta y son habituales la identificación y el darse
cuenta.
Tal vez quede preguntarse por qué los mecanismos neuróticos.
Bueno, por algún sitio había que empezar...
Que se vayan preparando las polaridades, la figura y el fondo,
el vacío fértil y la dinámica de grupos,
porque ya les tocará el turno.
Respecto a la organización de este trabajo, en un primer
momento nos proponemos delimitar el concepto de mecanismo
neurótico dentro de la Gestalt y, brevemente, describir
el ciclo gestáltico de la experiencia y la vertiente
creativa de los mecanismos neuróticos. A continuación
pasaremos a contemplar uno a uno dichos mecanismos en sus
dos vertientes: en tanto en cuanto son "resistencias
que impiden al sujeto un contacto e intercambio adecuado con
el ambiente" y tienen, también, su reconversión
creativa.
Con la intención de dotar de mayor fluidez al texto
hemos decidido no incorporar muchas referencias bibliográficas
ni señalar todos los casos en que recogemos citas textuales
de otros autores.
2. El concepto
de mecanismo neurótico y el ciclo gestáltico
de la experiencia
De los muchos mecanismos de defensa demarcados
en Psicología aquí nos vamos a centrar en los
mecanismos neuróticos asociados al ciclo gestáltico
de la experiencia. Esto es, los cuatro recogidos por Perls
-introyección, proyección, retroflexión
y confluencia- y la deflexión, propuesta por los Polster.
También dedicaremos algunas palabras a la proflexión,
mecanismo introducido por S. Crocker.
Estos mecanismos neuróticos -término empleado
por Fritz Perls- han adquirido diferentes denominaciones e
incluido a unos u otros según el autor o autora que
se estuviera refiriendo a ellos. Así, para Fagan y
Shepard, se trataba de mecanismos en la toma de conciencia
de las actividades del sí mismo e incluyen la retroflexión,
la introyección, la proyección y la desensibilización
. Los Polster los denominaban genéricamente transacciones
de la resistencia, agrupando bajo esta denominación
la introyección, la proyección, la retroflexión
la confluencia y la deflexión. Para Zinker se trataba
de mecanismos de defensa y para Peñarrubia de formas
inadecuadas de contacto y retirada.
Pero antes de introducirnos en el estudio de cada uno de estos
mecanismos, queremos explicar brevemente el origen de la neurosis
y los mecanismos neuróticos para adentrarnos, seguidamente,
en el ciclo gestáltico de la experiencia. Por último,
nos referiremos brevemente a la vertiente creativa de los
mecanismos neuróticos.
2.1. La neurosis en Gestalt
El enfoque gestáltico, según
afirma Perls, "considera al individuo como una función
del campo organismo/ambiente y su conducta como reflejo de
sus relaciones dentro de ese campo". Es decir, entiende
que el ser humano es "individuo y ser social" y
concibe la vida humana como "la interacción entre
el individuo y su ambiente en un campo en constante cambio.
[...] El hombre que puede vivir en un contacto significativo
con su sociedad, sin ser tragado completamente por ella y
sin retirarse completamente de ella, es el hombre bien integrado.
Reconoce el límite de contacto entre sí y su
sociedad". La satisfacción de las necesidades
del individuo pasa porque este, por un lado, establezca contacto
-pertinente y adecuado- con el ambiente y se retire cuando
sea necesario. Así mismo, la sociedad también
tiene una serie de necesidades, que requieren de la participación
del individuo para su satisfacción. Cada movimiento
que el individuo realiza en el plano psicológico o
social es un movimiento dirigido a establecer un equilibrio
entre sus necesidades personales y las exigencias de su sociedad.
"Las dificultades no surgen de su deseo de rechazar tal
equilibrio, sino de movimientos mal dirigidos a hallarlo y
a mantenerlo. [...] El desequilibrio surge cuando el individuo
y el grupo experimentan, simultáneamente, necesidades
diferentes y el individuo es incapaz de distinguir cuál
es la necesidad dominante. [...] Cuando no puede discriminar,
cuando no puede tomar una decisión al respecto o sentirse
satisfecho con la decisión que ha tomado, ni hace buen
contacto ni se retrae adecuadamente. [...] Las perturbaciones
neuróticas surgen de la incapacidad del individuo para
encontrar y mantener el balance adecuado entre él y
el resto del mundo. Tienen en común el hecho de que
en la neurosis, el límite social y ambiental se siente
extendiéndose demasiado por sobre el individuo. El
neurótico es un hombre sobre el cual la sociedad actúa
con demasiada fuerza. Su neurosis es una maniobra defensiva
para protegerse a sí-mismo de la amenaza de ser aplastado
por un mundo avasallador. Es su técnica más
efectiva para mantener su equilibrio", en una situación
en la que no puede distinguir entre su necesidad y la de la
sociedad, de tal manera que su necesidad queda insatisfecha.
La interrelación entre organismo y ambiente no es,
por tanto, adecuada y pueden producirse bloqueos en el "límite
de contacto" entre el organismo y el ambiente. Es aquí
"donde ocurren los eventos psicológicos"
y donde se van a dar los mecanismos neuróticos, medios
con los que el individuo trata de defenderse de esta situación
de insatisfacción; medios que, a fin de cuentas, le
permiten permanecer con vida, seguir existiendo; si bien se
trate de una existencia "no completamente" sana.
2.2. El ciclo
gestáltico
Como hemos visto, los mecanismos neuróticos
están estrechamente relacionados con la satisfacción
de necesidades. Para representar dicha relación es
de gran utilidad el ciclo gestáltico de la experiencia,
también denominado ciclo de la satisfacción
de las necesidades. Vayamos sobre él, aunque sea brevemente.
Como afirma Michel Katzeff , para satisfacer las necesidades
de la vida la mayoría de los individuos y grupos tienen
tendencia a progresar recorriendo un ciclo psicofisiológico
y social que transcurre y termina para todos de la misma manera.
Este ciclo es recorrido en siete etapas distintas constantemente
observables. Entre cada fase existe una resistencia -lo que
aquí hemos dado en llamar mecanismos neuróticos-
creadora o patológica. Cada estado supera, integrándola,
la etapa que le precede.
Esas siete etapas son:
I. Sensación
En un primer momento la persona experimenta una sensación
prioritaria, una motivación, un deseo, una necesidad...
que hay que satisfacer y que, momentáneamente, deja
a las demás en segundo plano. No son otra cosa que
mensajes de nuestro cuerpo, sin base objetiva y difícilmente
racionalizables.
II. Toma de conciencia
La toma de conciencia de esa sensación prioritaria
emergente permite que esta se manifieste con mayor lucidez.
Aquí, la función de la conciencia es ayudar
al organismo a orientarse y a actuar: comprender qué
le está pasando, a qué responde esa sensación,
cuál es la necesidad o deseo que está poniendo
en evidencia.
III. Energetización
La toma de conciencia conlleva una activación psico-fisiológica
que moviliza la maquinaria vital del organismo y la impulsa
a actuar para satisfacer esa necesidad.
IV. Acción
Se trata de hacer un esfuerzo de querer, de prepararse, de
tener voluntad para desplegarse hacia la fuente que se ha
escogido para responder a la necesidad. Acción no es
lo mismo que actividad. Mientras que la primera aparece cuando
la situación lo demanda en el presente y cuando el
individuo está suficientemente energetizado y va encaminada
hacia un fin concreto, marcado por la conciencia de una necesidad
prioritaria que ha de ser satisfecha, la actividad no es sino
un pretexto de estar activo, una desviación de la acción,
sin un fin ni motivación concreta .
V. Contacto
El desplazamiento hacia le objeto deseado lleva al contacto:
el encuentro, el ensayo, el titubeo, el acercamiento, el preludio...
Contactar es permitir una cierta tensión creadora,
el paso de la corriente de mí a ti, del ser al objeto,
del objeto al ser. Es estar uno mismo con el otro. Es la unión
con el otro, el encuentro de las diferencias.
VI. Realización
Se trata de conducir el proceso hasta su plena consumación.
Es la fusión, ya no estamos en contacto con nosotros
mismos, estamos disueltos en el otro. Somos absorbidos, nos
volvemos confluentes e indiferenciados.
VII. Retirada
Es el proceso de replegarse nuevamente a uno mismo, una vez
se ha satisfecho la necesidad. El yo-tú indiferenciado
vuelve a ser el yo personalizado. Esta última fase
del ciclo nos permite disfrutar y descansar del esfuerzo realizado,
así como estar disponibles para la aparición
de una nueva sensación que haga comenzar nuevamente
el proceso.
Como hemos mencionado más arriba,
entre cada una de estas fases operan diferentes resistencias
o interrupciones que derivan en situaciones inacabadas que
permanecerán en el interior de uno mismo hasta que
puedan ser traídas nuevamente a primer plano para ser
satisfechas. Estas resistencias son los mecanismos neuróticos
que ahora nos disponemos a ver en profundidad.
Anexo: La reconversión creativa
de los mecanismos neuróticos
Los mecanismos neuróticos no actúan
únicamente como defensas, bloqueos, resistencias o
formas inadecuadas de contacto y retirada. Tienen una vertiente
creativa que permite, según Peñarrubia, "despenalizar
lo neurótico y rescatar su aspecto artístico",
liberando las potencialidades reprimidas del ser humano. "Rank
hablaba de tres tipos: el normal (que acepta la voluntad mayoritaria),
el neurótico (que ni se identifica con la mayoría
ni soporta el aislamiento) y el artista creador (que se afirma
en su autonomía). El objetivo terapéutico sería
afirmar la voluntad del neurótico, no tanto para adaptarlo
a la "normalidad" sino para aspirar al arte".
Como veremos, cada uno de los mecanismos neuróticos
puede ponerse al servicio de la creatividad y, por tanto,
de la búsqueda de la autenticidad, del yo-mismo. Asimismo,
en tanto en cuanto somos conscientes de que estamos utilizando
un mecanismo concreto, nos hacemos con una herramienta muy
poderosa y útil no sólo para una mejor interacción
organismo/ambiente sino también para el desempeño
de nuestra labor terapéutica.
3. Los mecanismos neuróticos
"contados"
3.1. La introyección
La introyección es el mecanismo
neurótico mediante el cual incorporamos dentro de nosotros
mismos patrones, actitudes, modos de actuar y pensar que no
son verdaderamente nuestros. Y lo hacemos tragándonoslos
íntegros e indiscriminadamente, sin asimilarlos ni
digerirlos, de manera que no podemos retener aquello que nos
es beneficioso -convirtiéndose en parte de nosotros-
y devolver lo que no deseamos. Estos cuerpos extraños
no asimilados -introyectos- impiden el desarrollo y la expresión
del propio ser.
Cuando introyectamos, estamos corriendo el límite entre
nosotros y el mundo tan demasiado hacia dentro de nosotros
mismos que casi no queda nada de nosotros. Cuando el introyector
dice "yo pienso" generalmente quiere decir "ellos
piensan".
En el ciclo de satisfacción de las necesidades, la
introyección se sitúa entre la toma de conciencia
y la energetización: hay conciencia, pero la rigidez
muscular o intelectual no permite la energetización
emocional y corporal. Existe un mensaje que hemos recibido
del ambiente -y asumido como propio- que censura y juzga negativamente
la necesidad de la que hemos tomado conciencia, impidiendo
por tanto, que esta sea satisfecha.
Un cuento que ejemplifica de manera bastante clara el proceso
de la introyección y sus consecuencias sobre el individuo
es este de Julio Llamazares:
Como muchos de su tiempo, mis padres se pasaron la vida pensando
en el día de mañana. "Hay que ahorrar para
el día de mañana", "tú piensa
en el día de mañana", me decían.
Pero el día de mañana no llegaba. Pasaban los
días y los años, y el día de mañana
no llegaba. De hecho, mis padres ya están muertos y
el día de mañana aún no ha llegado.
Desde su vertiente creativa, la introyección
tiene que ver con la tradición. Representa la sabiduría
del tiempo. Nos impulsa a hacer una revisión creativa
de las raíces y los orígenes, recuperando la
sabiduría heredada, más allá de actitudes
reactivas. Se trata de ponernos en la actitud de ser aprendiz
y de recuperar el pasado para hacerlo propio. La introyección
es un mecanismo creativo en el sentido de que lo que hemos
tragado es útil, permite sacar recursos de lo aprendido.
Nos permite recoger valores positivos de la tradición
e ir construyendo una identidad.
Hay un fragmento del principito que encaja en esta idea de
la introyección como humildad del aprendiz y recuperación
del pasado. Después de haber domesticado al zorro,
el principito se dispone a marcharse. Pero antes, el zorro
le dice:
-Ve y mira nuevamente a las rosas. Comprenderás que
la tuya es única en el mundo. Volverás para
decirme adiós y te regalaré un secreto.
El principito se fue a ver nuevamente a las rosas:
-No sois en absoluto parecidas a mi rosa: no sois nada aún.
Nadie os ha domesticado y no habéis domesticado a nadie.
Sois como era mi zorro. No era más que un zorro semejante
a cien mil zorros. Pero yo le hice mi amigo y ahora es único
en el mundo. No se puede morir por vosotras. Sin duda un transeúnte
común creerá que mi rosa se os parece. Pero
ella sola es más importante que todas vosotras, puesto
que es ella la rosa a quien he regado. Puesto que es ella
a quien puse bajo el globo. Puesto que es ella la rosa a quien
abrigué con el biombo. Puesto que es ella la rosa cuyas
orugas maté (salvo dos o tres que se hicieron mariposas).
Puesto que es ella la rosa a quien escuché quejarse,
o alabarse, o aun, algunas veces, callarse. Puesto que ella
es mi rosa.
Y volvió hacia el zorro:
-Adiós.
-Adiós -dijo el zorro-. He aquí mi secreto.
Es muy simple: no se ve bien con el corazón. Lo esencial
es invisible a los ojos.
-Lo esencial es invisible a los ojos -repitió el principito
a fin de acordarse.
-El tiempo que perdiste por tu rosa hace que tu rosa sea tan
importante.
-El tiempo que perdí por mi rosa...-dijo el principito
a fin de acordarse.
-Los hombres han olvidado esta verdad -dijo el zorro-. Pero
tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre
de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa...
-Soy responsable de mi rosa... -repitió el principito,
a fin de acordarse.
3.2. La proyección
La proyección es el reverso de
la introyección. Tal como esta es la tendencia a hacerse
uno mismo responsable de lo que de hecho es parte del ambiente,
así también la proyección es la tendencia
de hacer responsable al ambiente de lo que se origina en uno
mismo. El neurótico no sólo tiende a desposeer
sus propios impulsos, sino también aquellas partes
de sí mismo donde se originan aquellos impulsos. Les
confiere, por así decir, una existencia objetiva fuera
de él, de modo que puede culparlos de sus problemas
sin encarar el hecho de que son parte de él mismo.
En lugar de ser un participante activo de su propia vida,
la persona que proyecta se convierte en un objeto pasivo,
víctima de las circunstancias.
En la proyección trasladamos el límite entre
nosotros y el resto del mundo un poco demasiado a nuestro
favor, de manera que nos es posible desposeer y renunciar
a aquellos aspectos de nuestra personalidad que encontramos
difíciles y ofensivos o poco atractivos. Al igual que
el introyector, es incapaz de distinguir aquellas facetas
de su personalidad que realmente son de él y aquellas
que le son impuestas desde fuera.
En Gestalt se considera que la proyección es una resistencia
al darse cuenta, interrumpiendo el ciclo de satisfacción
de las necesidades entre la sensación y la toma de
conciencia. La proyección impide que la persona tome
conciencia de sus sensaciones por medio de colocar la necesidad
emergente en el exterior, en el ambiente, en el otro.
Jorge Bucay cuenta lo siguiente:
Un hombre llama al médico de cabecera de la familia
porque está preocupado por su esposa María:
-Se está quedando sorda.
-¿Cómo que se está quedando sorda?
-Sí, de verdad. Necesito que vengas a verla..
-Bueno, la sordera no es una cosa repentina ni aguda, así
que venid el lunes a la consulta y la reconoceré.
-Pero, ¿tú crees que podemos esperar hasta el
lunes?
-Está bien, ¿cómo te has dado cuenta
de que no oye?
-Pues porque la llamo y no contesta.
-A ver, vamos a detectar el nivel de sordera de María.¿Dónde
estás tú?
-En el dormitorio. Y ella en la cocina.
-De acuerdo. Llámala desde ahí.
-¡Maríaaaaa...! No, no me oye.
-Bueno. Acércate a la puerta del dormitorio y grítale
desde el pasillo.
-¡Maríaaaaa...! No, ni caso.
-Espera, no te desesperes. Ve a buscar el teléfono
inalámbrico y acércate a ella por el pasillo
llamándola para ver cuándo te oye.
-¡Maríaaaaa...!¡Maríaaaaa...!¡Maríaaaaa...!
No hay manera. Estoy delante de la puerta de la cocina y la
veo. Está de espaldas lavando los platos, pero no me
oye. ¡Maríaaaaaaa...! No hay manera.
-Acércate más.
El hombre entra en la cocina, se acerca a María, le
pone una mano en el hombro y le grita en la oreja: "¡Maríaaaaaaa...!".
La esposa, furiosa, se da la vuelta y le dice:
-¿Qué quieres? ¿¡Qué quieres,
qué quieres, qué quiereeeees...!? Ya me has
llamado como diez veces y diez veces te he contestado "qué
quieres". Cada día estás más sordo,
no sé por qué no vas al médico de una
vez...
Jorge acaba diciendo que cada vez que veo algo que me molesta
de otra persona, sería bueno recordar que eso que veo,
por lo menos (¡por lo menos!), también es mío.
A nivel creativo, la proyección
se convierte en conocimiento tras hacer el camino de reapropiársela,
siempre a posteriori. Como señala Claudio Naranjo:
"no es bueno creer que el pájaro azul está
en nuestro patio trasero, necesitamos buscarlo hasta que lleguemos
a conocerlo por completo" Creativamente, me permite ir
hacia algo, si me doy cuenta de lo que he puesto fuera, porque
también proyectamos los positivo. Es la metáfora
del viajero, que al conocer otras tierras y otras gentes,
acaba encontrándose consigo mismo. Como dice Saramago,
si no sales de ti, no llegas a saber quién eres. La
proyección nos permite reconocernos en los otros Trabajarla
creativamente supone contactar con nuestras carencias y nuestras
mercancías.
Había una vez, en la ciudad de Cracovia, un anciano
piadoso y solidario que se llamaba Izy. Durante varias noches,
Izy soñó que viajaba a Praga y llegaba hasta
un puente sobre un río. Soñó que aun
lado del río, y debajo del puente, se hallaba un frondoso
árbol. Soñó que él mismo cavaba
un pozo al lado del árbol y que de ese pozo sacaba
un tesoro que le traía bienestar y tranquilidad para
toda la vida.
Al principio, Izy no le dio importancia. Pero cuando el sueño
se repitió durante varias semanas, interpretó
que era un mensaje y decidió que no podía desoír
esa información que le llegaba de Dios, o de no sabía
dónde, mientras dormía.
Así que, fiel a su intuición, cargó su
mula para un largo viaje y partió hacia Praga.
Después de seis días de marcha, el anciano llegó
a Praga y s dedicó a buscar el puente sobre el río
en las afueras de la ciudad. No había muchos ríos
ni muchos puentes, así que rápidamente encontró
el lugar que buscaba. Todo era igual que en su sueño:
el río, el puente y, aun lado del río, el árbol
debajo del que debía cavar.
Sólo había un detalle que no había aparecido
en su sueño: el puente era custodiado día y
noche por un soldado de la guardia imperial. Izy no se atrevía
a cavar mientras el soldado estuviera allí, así
que acampó cerca del puente y esperó. La segunda
noche, el soldado empezó a sospechar de aquel hombre
que acampaba cerca de su puente, así que se aproximó
para interrogarle.
El viejo no encontró razón para mentirle. Por
eso le contó que había llegado desde una ciudad
muy lejana porque había soñado que en Praga,
bajo un puente como aquel, había un tesoro enterrado.
El guardia empezó a reírse a carcajadas.
-Has viajado por una estupidez -le dijo-. Desde hace tres
años, yo sueño todas las noches que en la ciudad
de Cracovia, debajo de la cocina de un viejo loco llamado
Izy, hay un tesoro enterrado. ¡Ja, ja, ja! ¿Crees
que yo debería ir a Cracovia a buscar a ese Izy y cavar
bajo su cocina? ¡Ja, ja, ja!
Izy dio amablemente las gracias al guardia y regresó
a su casa. Al llegar, cavó un pozo bajo su cocina y
encontró el tesoro que siempre había estado
allí enterrado.
La proyección es también una herramienta muy
importante en terapia. Para el terapeuta que ya "viajó"
su propio proceso terapéutico y que es consciente de
estar utilizándola, la proyección se convierte
en otro viaje, en este caso empático hacia el paciente;
un viaje que permite al terapeuta ponerse en el lugar del
otro:
El maestro le había impuesto un arduo trabajo espiritual
al discípulo, que terminó por desfallecer y
rendirse, humillado, al no ser capaz de cumplir con la tarea
encomendada.
Pero el mentor le miró a los ojos amorosamente y le
dijo:
-Querido mío, no te angusties; porque soy débil,
comprendo tu debilidad.
3.3. La confluencia
Cuando el individuo no siente ningún
límite entre él mismo y el ambiente que le rodea,
cuando siente que es uno con él, se dice que está
en confluencia con el ambiente. La persona en la cual la confluencia
es un estado patológico no nos puede decir qué
es ella ni puede decirnos qué son los demás.
No sabe hasta dónde llega ella misma y dónde
comienzan los demás. No se da cuenta del límite
entre sí mismo y los demás, por lo que no puede
hacer un buen contacto con ellos. Tampoco puede retirarse
de ellos. A decir verdad, ni siquiera puede contactar consigo
mismo.
En el ciclo de satisfacción de las necesidades la confluencia
implica quedarse pegado a la experiencia, sin poder separarse
de ella. El ciclo, por tanto, se interrumpe entre la realización
y la retirada, de manera que permanecemos en el estado de
fusión e indiferenciación, no dando paso a la
celebración y el descanso y, por ende, al surgimiento
de una nueva necesidad.
Eran dos amigos inseparables. Un día conocieron a una
bellísima cantante, una mujer deliciosa y fascinante.
Ambos se enamoraron de ella y pasaban los días encantados
a su lado. Transcurrieron meses de una satisfactoria y plena
relación con la cantante, permaneciendo los tres muy
dichosos durante todo ese tiempo. Pero un día ella
les comunicó que tenía que partir, pues le habían
ofrecido un contrato para cantar en otro país. Se despidió
cariñosamente de los dos hombres y partió.
Entonces uno de los amigos dijo:
-Estoy verdaderamente desolado. No podré vivir sin
ella. Siento una angustia terrible e insuperable. Y tú,
¿qué tal estás?
-Bien, muy bien; sereno y ecuánime.
-¿Cómo es posible? Yo me estoy muriendo y tú
estás bien. Acabas de perder una mujer maravillosa
y no te sobrecoge.
El amigo dijo:
-Razona unos instantes conmigo. Antes de que esa fantástica
mujer apareciera en mi vida, yo me sentía bien. Ella
ha sido un regalo del destino. Vino y la disfruté intensamente,
amando su cuerpo y su alma. Mientras ella estuvo aquí
no dejé ni por un instante de sentirla en lo más
profundo de mí. Pero ella ha partido y yo vuelvo a
estar como me encontraba. Me siento bien, como antes de que
apareciera. Tal vez incluso mejor, por la dicha de haberme
topado en la vida con alguien así. El destino la trajo
y el destino se la ha llevado de nuevo. La he amado sin aferramiento.
Creativamente, la confluencia es la capacidad
que tenemos los seres humanos de entregarnos a unas manos
más grandes, de saber que somos pequeños. Si
pierdo mis límites estando en grupo, la confluencia
hace que yo sea más grande y experimente una sensación
de unicidad y trascendencia mayor que cuando hago esto en
soledad. Su abordaje creativo consiste en recuperar la trascendencia,
la confianza, la capacidad para abandonarnos.
Esta unicidad y pérdida de límites es, como
hemos visto, parte del ciclo de la experiencia. Tal vez el
ejemplo del encuentro amoroso y el encuentro místico
sean los ejemplos más gráficos de este mecanismo:
El amante acudió a la casa de la amada y llamó
a la puerta.
-¿Quién es? -preguntó una voz desde dentro
de la casa.
-Soy yo.
-No estás preparado para verme. Ve al bosque y medita
durante un año. Vuelve después.
Tras un año de intensa meditación, el amante
volvió a la casa de la amada y llamó a la puerta.
-¿Quién es?
-Soy tú -dijo el amante.
-En esa caso entra, querido mío, porque no hay lugar
aquí para dos yoes.
***
-¿Cómo puedo buscar la unión con Dios?-
Preguntó una mañana un discípulo al maestro.
-Cuanto más te esfuerces en buscarla, mayor distancia
pondrás entre él y tú.
-Pero entonces, ¿cómo solucionamos precisamente
el problema de la distancia?
-Comprendiendo que no existe.
-¿Quiere eso decir que Dios y yo somos una sola cosa?
-Ni una ni dos.
-¿Cómo es posible eso?
-El sol y su luz, el océano y la ola, el cantante y
su canción... Ni una cosa ni dos.
3.4. La retroflexión
"Retroflexión" literalmente
significa "volverse atrás intensamente en contra".
El retroflector sabe traza la línea demarcatoria entre
él y el ambiente, pero la traza por el medio de sí
mismo. Mientras que el introyector hace a los demás
lo que los demás quieren que haga, el proyector le
hace a los demás lo que él acusa a los demás
de hacerle a él y el hombre en confluencia patológica
no sabe quién le está haciendo qué cosa
a quién, el retroflector se hace a sí mismo
lo que le gustaría hacer a los otros. Deja de dirigir
sus energías hacia fuera intentando manipular y llevar
a cabo cambios en el ambiente que le satisfarán sus
necesidades; más bien, reorienta su actividad hacia
adentro y se sustituye a sí mismo por el ambiente como
objetivo del comportamiento, dividiendo su personalidad en
"hacedor" y en "hecho a". Literalmente
llega a constituirse en el peor enemigo de sí mismo.
En cuanto a su lugar en el ciclo gestáltico, la retroflexión
puede impedir que se llegue a la acción, de forma tal
que la energetización no sigue su curso y se vuelve
contra uno mismo en forma psicológica o fisiológica.
Había una vez un hombre que iba por el mundo con un
ladrillo en la mano. Había decidido que cada vez que
alguien le molestara hasta hacerle rabiar, le daría
un ladrillazo. El método era un poco troglodita, pero
parecía efectivo, ¿no?
Sucedió que se cruzó con un amigo muy prepotente
que le habló con malos modos. Fiel a su decisión,
el hombre agarró el ladrillo y se lo tiró.
No recuerdo si le alcanzó o no. Pero el caso es que
después, tener que ir a buscar el ladrillo le pareció
incómodo. Decidió entonces mejorar el "Sistema
de Autopreservación del Ladrillo", como él
lo llamaba. Ató el ladrillo a un cordel de un metro
y salió a la calle. Esto permitía que el ladrillo
nunca se alejara demasiado, pero pronto comprobó que
el nuevo método también tenía sus problemas.:
por un lado, la persona destinataria de su hostilidad tenía
que estar a menos de un metro y, por otro, después
de arrojar el ladrillo tenía que tomarse el trabajo
de recoger el hilo que, además, muchas veces se liaba
y enredaba, con la consiguiente incomodidad.
Entonces el hombre inventó el "Sistema Ladrillo
III". El protagonista seguía siendo el mismo ladrillo
pero, este sistema, en lugar de un cordel llevaba un resorte.
Ahora el ladrillo podía lanzarse una y otra vez y regresaría
solo, pensó el hombre.
Al salir a la calle y recibir la primera agresión,
tiró el ladrillo. Erró, y no pegó en
su objetivo porque, al actuar el resorte, el ladrillo regresó
y fue a dar justo en la cabeza del hombre.
Lo volvió a intentar, y se dio un segundo ladrillazo
por medir mal la distancia.
El tercero, por arrojar el ladrillo a destiempo.
El cuarto fue muy particular porque, tras decidir dar un ladrillazo
a una víctima, quiso protegerla al mismo tiempo de
su agresión, y el ladrillo fue a dar de nuevo en su
cabeza.
El chichón que se hizo era enorme...
Nunca se supo por qué no llegó a pegar jamás
un ladrillazo a nadie: si por los golpes recibidos o por alguna
deformación de su ánimo.
Todos los golpes fueron siempre para él mismo.
El carácter creativo de la retroflexión
está relacionado con la obediencia y la disciplina.
Se trata de hacerse cosas a uno mismo para fortalecerse, desarrollar
la fuerza interior, la capacidad de obedecer y el esfuerzo
de continuar mirándose. Se trata de estar atento a
lo que uno se hace a sí mismo, de controlar algunos
de nuestros impulsos, de resistir a los impulsos destructivos
propios. Se trata de mantener la atención, en la observación
neutral del mundo, en el desapego de la emoción (sin
reprimirla), en el sostenimiento esforzado de la tarea...
A todos tenía verdaderamente sorprendidos el buen carácter
y los amables modos de aquella sencilla anciana, que en todo
momento y circunstancia se mostraba cariñosa y exhalaba
ternura y afecto. Tanto era así, que sus vecinos le
preguntaron un día:
-Buena mujer, algún secreto debes esconder, porque
no es normal que nunca te hayamos visto enfadada y, por el
contrario, siempre tengas buenas palabras, sonrisas y cariño
para todos. ¿Cómo lo has conseguido? Alguien
como tú es una bendición para este mundo desabrido.
-Es un trabajo de todos los días -dijo humildemente
la anciana-. Cuando despierto por las mañanas siempre
pienso: ¿cómo estaré hoy, amorosa u hostil?
Hasta ahora, amigos míos, siempre he elegido estar
cariñosa, y ya soy demasiado vieja para cambiar de
gustos.
***
-¿Qué he de hacer para amar a mi prójimo?-
preguntó el caminante.
-Deja de odiarte a ti mismo.
El caminante meditó larga y seriamente estas palabras
y regresó a decirle al maestro:
-Pero si yo me amo demasiado a mí mismo... Soy un egoísta
y un egocéntrico... ¿Cómo puedo liberarme
de ello?
-Sé cordial contigo mismo y tu ego quedará satisfecho
y te dejará en libertad para amar a tu prójimo.
3.5. La deflexión
Este mecanismo tiene la función
de desvitalizar el contacto y, de alguna manera, de enfriarlo.
Tiende a soslayar el contacto directo, ya sea con otra persona
o con el medio. La acción existe, pero no llega a su
destino, pierde fuerza y efectividad. Se caracteriza por conductas
de evitación, de desviación.
En términos del ciclo de la experiencia, se sitúa
entre la acción y el contacto, desenfocando el objeto
de contacto y desviándolo en otra dirección.
La deflexión suele venir acompañada de un grado
variable de agotamiento y de frustración, pues la persona
no deja de "esforzarse" en permanecer activa, en
realizar acciones supuestamente encaminadas a satisfacer su
necesidad; necesidad que, sin embargo, no llega a satisfacer.
Lucía tiene siete años y a veces, sólo
a veces, sólo puede pensar en su compañero de
pupitre, Luis. Por una parte le encanta y por otra no, porque
lo pasa fatal. Sólo quiere estar con él. Le
da por pensar que Luis es la persona más importante
del mundo. Más aún; la única persona
del mundo. Entonces Lucía se imagina convertida en
astronauta en mitad del espacio o en un satélite que
gira al alrededor de Luis.
Cuando le pasa todo esto, Lucía intenta recordar que,
además de Luis, en el mundo hay más cosas, como
mazorcas de maíz, tejados, sacapuntas tijeras, cafeteras
y aviones.
¡Pero no hay manera! ¡En todas partes está
Luis!: detrás de las hojas verdes, el lugar del maíz
dulce, aparece la dulce sonrisa de Luis; también Luis
está en lo alto del tejado saludándola con la
mano, o sentado tras las tijeras colgándole por las
asas los pies. Siempre el Luis el piloto del avión,
y la cafetera no da café solo ni con leche. Sólo
da café con Luis.
Entonces Lucía cierra los ojos muy fuerte y repasa
las tablas de multiplicar, hace sumas y restas, escribe redacciones
o habla en inglés. Pero sólo puede multiplicar
y sumar Luises, ¡y ni siquiera consigue restarlos! Las
redacciones siempre acaban diciendo "Luis is very handsome"y
empiezan con "Querido Luis".
Después monta en bicicleta, hace el pino, se moja bajo
la lluvia, abre la nevera, prepara un sándwich, cuenta
estrellas o imagina figuras en la forma de las nubes. Y finalmente
grita desesperada:
-¡Así no puedo! ¡Estás en todas
partes!
Y finalmente, como nada, nada de todo esto funciona, llama
a la puerta de Luis y le invita a que, juntos, jueguen a los
astronautas, hagan los deberes y después el pino, se
mojen bajo la lluvia, monten en bicicleta o que suban al tejado
a contar estrellas o a imaginar figuras en la forma de las
nubes.
Si bien la deflexión -como la proflexión
- no interviene en El viaje por los cuatro elementos o Las
cuatro caras del héroe, también es posible entrever
su vertiente creativa. La tiene, por ejemplo, en tanto en
cuanto podemos desviar la expresión de la ira y la
rabia hacia otro objeto distinto del que la causó,
de manera que podamos desatarla sin producir necesariamente
una agresión. El paciente deflecta cada vez que en
terapia golpeaos un cojín o lanza insultos e improperios
al aire o a quien haya sentado en la silla vacía.
Un ejemplo metafórico de deflexión lo podemos
encontrar en la mitología griega, concretamente en
la historia de Idomeneo.
Al regresar Idomeneo, rey de Creta, del sitio de Troya, le
sorprendió en mitad del mar una fuerte tempestad acompañada
de un viento tan contrario que el piloto anunció que
el naufragio era inminente e inevitable. Idomeneo, levantando
sus brazos al cielo, invocó a Neptuno con estas palabras:
"poderoso Dios que gobiernas en el reino del mar, ¡dígnate
oír los ruegos de un desgraciado! Si me concedes que
vea la isla de Creta, te inmolaré la primera cabeza
que ante mi vista se presente".
En ese mismo instante el mar quedó milagrosamente en
calma. Así mismo quedó el corazón de
Idomeneo, agradecido y tranquilo, esperanzado de poder reencontrarse
con su hijo amado y el resto de su familia. Sin embargo, durante
noche soñó que era precisamente en su hijo donde
se posaban por primera vez justo tras pisar tierra firme.
Despertó atormentado, y ya no durmió hasta que
hubo concebido un plan.
Cuando pasados unos días de pausada travesía
Idomeneo distinguió entre la bruma matinal las costas
de Creta, quiso que le vendaran fuertemente los ojos, de manera
que nada pudiera ver. Una vez en tierra y sin detenerse por
razón alguna, se hizo conducir hasta los establos reales
y, estando ya solo, se desprendió de su venda. Ante
sí se erguía un carnero joven que Idomeneo inmoló,
allí mismo en honor a Neptuno. Sólo entonces
corrió a abrazarse a su hijo y al resto de su familia.
4. Bibliografía
Bucay, Jorge; Déjame que te cuente;
RBA libros.
Calle, Ramiro (comp.): Cuentos de Amor y Amistad; Ediciones
Jaguar.
Katzeff, Michel: Psicología de los Chakras, Editorial
Dilema .
Martín, Ángeles y Ruiz de la Rosa, Carmela:
Curso básico de terapia Gestalt; IPG.
de Mello, Anthony: ¿Quién puede hacer que amanezca?;
Sal Terrae.
Peñarrubia, Francisco: Terapia Gestalt. La vía
del vacío fértil; Alianza Editorial
Perls, Fritz: El enfoque gestáltico y Testimonios de
terapia; Cuatro Vientos.
Ruiz de la Rosa, Carmela: Apuntes del Taller de los Cuatro
elementos.
de Saint-Exupery, Antoine: El principito; Alianza Editorial.
Saramago, José: El cuento de la isla desconocida; Alfaguara.
Segado, Águeda: Los mecanismos neuróticos en
Gestalt y los mecanismos de defensa en Psicoanálisis.Aportación
a un análisis comparativo; Biblioteca IPG.
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